“Ella me ayudó mucho cuando me dieron el diagnóstico de mi hijo; era el mismo que el de Diego: Osteosarcoma.”
Soy Lidia.
Voy a platicar de cómo conocí a Diego. Recuerdo muy bien que llegamos
una noche a Centro Médico con mucho miedo y angustia, caminando por una sala de oncología llena de niños; unos peloncitos, otros no. Yo estaba asustada porque no sabía qué pasaría con mi hijo, ya que me lo mandaron ahí.
La primera persona que me habló fue Alicia, mamá de Diego. Ella me ayudó mucho cuando me dieron el diagnóstico de mi hijo; era el mismo que el de Diego: osteosarcoma. Yo veía a Diego muy fuerte, un niño muy platicador, como si nada pasara. En cambio, mi hijo estaba asustado y enojado, no quería estar en el hospital, pero poco a poco fue aceptando que tenía cáncer.
Empezamos con quimioterapias y nos tocaba entrar juntos. Eso motivaba a mi hijo; me decía: “Háblale a la mamá de Diego para ver si ya llegaron”. Después llegó el día de la amputación de Diego, con mucho dolor, muy delicado, pero siempre fuerte. Después vino la de mi hijo; él, sin dolor, rápido se recuperó.
Unos niños súper fuertes, inteligentes, guapos y con muchas ganas de vivir.
Le echaban muchas ganas. Terminaron quimios y Diego está muy bien; venció el cáncer.
Es un niño que quiero mucho, al igual que a Alicia y a toda su familia.
Diego es un pequeño guerrero, un campeón con una inmensa valentía, resiliencia y fortaleza ante obstáculos inimaginables.
Tiene la capacidad de superar la batalla más difícil y nos pone el ejemplo a todos.
Mi hijo no logró vencer el cáncer. También fue un niño muy fuerte, vago, peleonero, un excelente hijo que no se quejaba de nada. Luchó con muchas fuerzas hasta el final.
Una frase que me decía era:
“Mamá, no te preocupes, todo va a estar bien”.

