“Me enseñó que incluso cuando todo parece oscuro, existe una razón para quedarse.”
Mi nombre es María Fernanda Delgado Villalobos, prima de Diego.
A Diego lo veo desde antes de que el mundo lo viera como hoy lo vemos. Lo vi nacer, lo vi crecer… y he tenido la fortuna de acompañar su vida desde sus
primeros años, viendo cómo ese niño tan especial se convertía, sin saberlo, en una de las personas más importantes de mi historia.
Desde muy pequeño Diego mostró algo distinto. Recuerdo cuando le enseñé a leer y cómo desde entonces ya se notaba su curiosidad, su inteligencia y esa forma tan particular de expresarse que siempre sorprendía. Tenía una manera de hablar que hacía pensar que entendía la vida de una forma más profunda de lo que correspondía a su edad.
También recuerdo nuestras pequeñas historias de niños que hoy me hacen sonreír. Yo siempre le compraba dulces… y él, con sus ahorros, me compraba una bolsa de Doritos. Nunca fue un trato justo —yo gastaba más— pero él tenía apenas unos cinco años y ya sabía cómo sacar ventaja de la vida. Desde ahí se notaba que Diego tenía algo especial.
Nunca imaginé cuánto iba a cambiar mi vida.
El 13 de octubre yo salía del hospital después de un internamiento psiquiátrico por un intento muy grave de quitarme la vida. Mi mamá y yo regresábamos con la esperanza de empezar de nuevo, de reconstruir poco a poco lo que se había roto. Sin embargo, la vida nos tenía preparada otra noticia: un día antes habían recibido el diagnóstico de Diego.
Y a partir de ese momento todo cambió.
Mientras Diego comenzaba su proceso de quimioterapias, yo continuaba atravesando una etapa muy oscura, con recaídas fuertes de depresión y ansiedad. Hubo otro intento de suicidio y tres internamientos más en el transcurso de solo dos meses. Nuestra familia tratando de sostener dos batallas al mismo tiempo. Fue una etapa profundamente difícil en la que, tristemente, no pude acompañarlo como me hubiera gustado y durante mucho tiempo cargué con esa culpa en silencio.
Hasta que llegó el día que marcó un antes y un después.
Después de su amputación, cuando yo empezaba a estar un poco más estable, pude verlo tocar la campana. Ese momento quedó grabado en mi corazón para siempre. Recuerdo sentir que algo dentro de mí despertaba. No podía creer que, después de tanto dolor, Diego siguiera de pie, sonriendo, con ganas de vivir, con ganas de seguir soñando.
Ese día entendí algo que me atravesó por completo: yo estaba luchando por dejar de vivir… y él estaba luchando con todas sus fuerzas por seguir viviendo.
Esa realidad me sacudió el alma. Me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que incluso cuando todo parece oscuro, existe una razón para quedarse.
El 19 de agosto de 2023 no solo vi a Diego vencer una enfermedad terrible; ese día cambió mi forma de ver la vida para siempre. Desde entonces, cada vez que aparecía un pensamiento suicida, Diego llegaba a mi mente y me detenía. Era como si su fuerza me tomara de la mano y me recordara que sí existen motivos para seguir, que sí existen razones para levantarse, que sí existe esperanza.
Yo también me aferré a mi tratamiento. Me aferré a la vida. Me aferré a verlo crecer.
Y entonces comenzó una etapa llena de luz.
Verlo recuperar su cabello.
Verlo recuperar su fuerza.
Verlo aprender a vivir en una nueva realidad con una valentía que no cabe en palabras.
Verlo convertirse en atleta de alto rendimiento en parapowerlifting.
Verlo sentirse orgulloso de su prótesis.
Verlo volver a reír con esa alegría tan suya.
Verlo ser feliz.
Y sin darme cuenta… yo también empecé a volver a la vida.
Su proceso no solo fue una historia de supervivencia; fue una historia que transformó profundamente a todos los que lo amamos. Diego nos enseñó a vivir sin decirlo, solo con su manera de resistir, de levantarse, de no rendirse.
Hoy entiendo que hay personas que llegan a este mundo para cambiar vidas, para encender luces cuando todo parece oscuro, para recordarnos por qué vale la pena quedarse.
Si hoy estoy aquí, si hoy puedo hablar de esperanza, de futuro y de vida, es porque su historia también se volvió la mía.
Diego luchó por su vida con todo lo que tenía. Y en ese camino, sin saberlo, salvó la mía. �

