“Me enseñó lo que significa la
resiliencia real.”
Mi nombre es Fernanda Roa y tuve el privilegio de acompañar a Diego como su fisioterapeuta en uno de los procesos más difíciles y, al mismo tiempo, más
inspiradores que he presenciado.
Desde el primer momento entendí que estaba frente a alguien extraordinario. No solo por todo lo que tuvo que atravesar a una edad tan corta, sino por la manera tan admirable en la que decidió vivirlo. Después de su diagnóstico de osteosarcoma y la pérdida de su pierna, Diego nunca dejó que el miedo fuera más grande que sus ganas de seguir adelante.
Recuerdo perfectamente cómo se aferró a un objetivo: volver a caminar con su prótesis.
Y trabajó por ello con una disciplina, una fuerza y una determinación que conmovían profundamente. Había días difíciles, días cansados, días injustos… pero Diego siempre encontraba la manera de levantarse otra vez.
Como fisioterapeuta, uno cree que llega para enseñar, para acompañar o para
rehabilitar. Pero Diego me enseñó muchísimo más a mí. Me enseñó lo que significa la resiliencia real. Me enseñó que la valentía no está en no sentir miedo, sino en seguir avanzando aun con él. Me enseñó que el cuerpo puede atravesar pérdidas enormes y aun así el corazón seguir lleno de sueños.
Verlo caminar nuevamente fue uno de esos momentos que jamás voy a olvidar. Porque no solo estaba dando pasos físicos; estaba recuperando partes de sí mismo, demostrándole al mundo —y probablemente a muchos de nosotros— que siempre existe una forma de volver a empezar.
Diego tiene una inteligencia brillante, una sensibilidad enorme y una manera muy especial de ver la vida. Hoy sigue preparándose, estudiando, soñando con la universidad y además convirtiéndose en atleta de alto rendimiento. Y honestamente, no me sorprende. Porque Diego nunca se ha definido por lo que perdió, sino por todo lo que ha sido capaz de construir después.
Acompañarlo cambió mi forma de ver la vida, mi profesión y mi manera de entender la fortaleza humana. Y siempre voy a sentirme profundamente orgullosa de él.
Gracias por confiar en mí, Diego.
Gracias por enseñarme tanto sin siquiera darte cuenta.
Y gracias por recordarme que hay personas que, incluso en medio de las
circunstancias más difíciles, siguen siendo luz para todos los que tenemos la fortuna de conocerlas.
Mi Dieguito es todo eso y más.

