“Mi vida se detuvo. Lloré, grité y le reclamé a Dios:
¿por qué él?, ¿por qué a mí?, ¿por qué a nosotros?”
Mi nombre es Alicia Villalobos y soy mamá de Diego.
Un niño que desde siempre fue diferente: inquieto, curioso, independiente y con unas ganas inmensas de descubrir el mundo. Era mi niño pequeño, mi vida entera junto con su hermano. Y la vida de toda nuestra familia cambió por completo el día de su diagnóstico.
Sentí que mi castillo se derrumbaba.
Mi vida se detuvo. Lloré, grité y le reclamé a Dios: ¿por qué él?, ¿por qué a mí?, ¿por qué a nosotros?
Un diagnóstico de cáncer nunca es fácil de aceptar, y mucho menos cuando se trata de un niño tan pequeño.
Llegan las dudas, el miedo, la incertidumbre… y sientes que ya nada vuelve a ser igual.
Recuerdo cada día en el hospital, cada estudio, cada pasillo recorrido en silla de ruedas o en camilla, mientras mis piernas temblaban de miedo y mi corazón estaba hecho pedazos. Pero aun así, frente a él, siempre intentaba mantenerme fuerte y sonreírle.
Aunque con el tiempo entendí que el fuerte realmente era él.
Comenzaron las quimioterapias. Perdió su cabello y, ciclo tras ciclo, luchaba por su vida.
Los efectos secundarios arrasaban con su cuerpo, y aun así, llegar al hospital se volvió parte de nuestra rutina: preparar todo para que estuviera cómodo, hacerlo reír, acompañarlo… porque incluso en medio del dolor, Diego casi siempre tenía una sonrisa.
Hubo momentos muy difíciles. Momentos en los que sí quiso rendirse. Y hablar de eso todavía me cuesta. Sobre todo recordar el día en que tuvo que despedirse de su pierna.
Nunca voy a olvidar cuando vi pasar esa camilla con la pierna de mi hijo saliendo del quirófano, mientras escuchaba sus gritos de dolor. Son imágenes que jamás se borrarán de mi corazón y heridas que todavía duelen en el alma.
Pero también recuerdo el día más importante: verlo tocar la campana después de 84 quimioterapias y una amputación, con una sonrisa enorme en el rostro.
Ese día mi hijo me enseñó que rendirse no es una opción. Que la vida continúa… diferente, sí, pero continúa.
Poco a poco volvió a crecer su cabello, y verlo ahora caminar con su prótesis, erguido, seguro y orgulloso de quién es, ilumina mi vida todos los días.
Encontró en el deporte una nueva pasión y una nueva manera de vivir. Hoy es atleta de alto rendimiento, medallista y un gran estudiante. Y yo… yo soy la mamá más orgullosa del mundo.
Porque fue él quien me enseñó a no rendirme. Fue él quien me hizo dejar de
preguntarme “¿por qué a nosotros?” para comenzar a preguntarme “¿para qué?”.
Y poco a poco las respuestas fueron llegando como rayos de luz.
Así nació Hoy por Diego AC: para apoyar, entender y acompañar a otras familias que atraviesan momentos tan difíciles.
Porque cuando te sientes perdida, el amor que acompaña puede cambiarlo todo.
Nadie debería vivir un proceso así sintiéndose solo.
Y mientras exista esperanza y fe, siempre habrá una razón para seguir luchando.

