
Diego me enseñó que la valentía no hace ruido. Desde su diagnóstico, vi cómo un niño transformaba el miedo en fuerza y las quimioterapias en excusas para contar chistes.

Entonces llego su diagnóstico, todos nos derrumbamos, ¡TODOS!, menos Diego, no, el no. Diego decía y nunca lo olvidare, ¿Porqué lloran? ¡No me estoy muriendo!, si mi pierna no sirve, hagan lo que tengan que hacer decía a los doctores y su mamá.

A Diego lo veo desde antes de que el mundo lo viera como hoy lo vemos. Lo vi nacer, lo vi crecer… y he tenido la fortuna de acompañar su vida desde sus primeros años, viendo cómo ese niño tan especial se convertía, sin saberlo, en una de las personas más importantes de mi historia.

Hay pacientes que llegan a tu vida para recordarte por qué elegiste esta profesión. Diego es uno de ellos. Lo conocí durante mi residencia en el Hospital de Pediatría del CMNO, en medio de un camino difícil.

Mi nombre es Alicia Villalobos y soy mamá de Diego. Un niño que desde siempre fue diferente: inquieto, curioso, independiente y con unas ganas inmensas de descubrir el mundo. Era mi niño pequeño, mi vida entera junto con su hermano. Y la vida de toda nuestra familia cambió por completo el día de su diagnóstico.

Hay historias que no comienzan contigo, pero terminan transformándote por completo. La mía empezó el día en que escuchamos el diagnóstico de Diego.